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El Teléfono
Como en el caso del telégrafo, varios inventores se discutieron su autoría durante años, llegando hasta los tribunales más de 600 reclamaciones, pero estos dieron finalmente la razón a Alexander Graham Bell, quien fue el primero en patentarlo.

La idea de Bell fue inventar un aparato que transformara las ondas de sonido que se emiten cuando al hablar en variaciones de una corriente eléctrica. Una vez lograda, esta corriente podía llegar al lugar receptor a través de un cable conductor. El receptor tendría un aparato que invirtiera el proceso, transformar las variaciones de una corriente eléctrica en sonido.


Bell conectó una batería a una resistencia de manera que el valor de la corriente eléctrica que circulara por el circuito dependiera del valor de la resistencia: si ésta aumentaba, entonces la corriente disminuía y viceversa, tenía que diseñar un dispositivo que desempeñara el papel de resistencia variable. Después de varios intentos con diferentes tipos de sistemas finalmente obtuvo el resultado que buscaba.


Se trataba de una membrana conectada a un diafragma que podía desplazarse horizontalmente. En el extremo derecho del diafragma, había un recipiente con granos de carbón que ofrecían resistencia al paso de la corriente eléctrica y cuyo valor dependía de lo comprimidos estuviesen los granos. Conectando el recipiente con los granos, al circuito eléctrico se lograba el dispositivo capaz de transformar la voz en impulsos eléctricos.

El cable por el que se transmitía la corriente eléctrica variable que enviaba el emisor se conectaba a un electroimán cuyo extremo estaba unido por medio de una lengüeta metálica a un diafragma. La corriente variable imantaba el electroimán en forma variable y éste a su vez atraía la lengüeta siguiendo las variaciones del sonido original. El diafragma se movía, moviendo a su vez el aire circundante y creando así sonidos. Este receptor era el auricular del teléfono.