Las fuentes de energía no renovables, es decir, aquellas
que usan combustibles fósiles o materiales radioactivos,
tienen una gran importancia en la producción actual de
energía eléctrica y también como combustibles
para los distintos medios de transporte, los derivados del petróleo.
El problema está en que tanto unos como otros no
están disponibles en la Naturaleza de forma ilimitada,
sino que los yacimientos que de ellos existen algún
día se agotarán.
Los expertos que realizan las estimaciones sobre las existencias
mundiales de combustibles fósiles distinguen entre
reservas, yacimientos ya descubiertos y que pueden ser aprovechados
de forma inmediata, y recursos, depósitos que los geólogos
han situado en ciertas cuencas sedimentarias pero que aún
no han sido localizados con exactitud, ni tampoco se conoce
la viabilidad económica de su explotación.
Aunque las reservas de carbón y uranio son abundantes,
no lo son tanto las de los hidrocarburos o derivados del petróleo,
que es actualmente la fuente de energía más
utilizada y que mayor crecimiento de consumo experimenta.
Afortunadamente, esta fuente de energía puede ser sustituida
por otras distintas en algunas de sus aplicaciones, como son
la calefacción y la producción de electricidad.
En 1997, las reservas mundiales de petróleo se estimaban
entre 1.02 y 1.16 billones de barriles, mientras que el consumo
mundial a esa misma fecha había alcanzado la cantidad
de 26.100 millones de barriles anuales, con lo que de mantenerse
el mismo ritmo de consumo suponía tener reservas de
petróleo durante unos 45 años.
Las reservas mundiales de gas natural en ese mismo año
fueron estimadas entre 1.510 y 1.580 billones de metros cúbicos,
siendo el consumo alcanzado de 2,32 billones de metros cúbicos
al año, es decir tendríamos manteniendo el ritmo
de consumo para 681 años.
En el caso del carbón las reservas mundiales ascendían
a 1,04 billones de toneladas, mientras su consumo alcanzaba
la cifra de 4.690 millones de toneladas anuales, lo que podría
mantener su consumo durante 298 años.
Todos estos cálculos se han hecho suponiendo un consumo
medio anual similar al de 1996 pero, desgraciadamente esto
no es cierto, ya que las estadísticas prevén
que el consumo anual mundial sufrirá un incremento
del 2,2% cada año.
Por supuesto hay muchos otros factores que pueden alterar
estas cifras, ya que actualmente se está tomando conciencia
no sólo del posible agotamiento de los recursos, sino
también de los problemas ambientales que genera su
combustión por lo que ya han comenzado a tomarse medidas
para disminuir y mejorar su consumo, tales como el ahorro
energético y la sustitución progresiva de este
tipo de fuentes por fuentes de energía renovables y
limpias.
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